domingo, 17 de agosto de 2014

Pupilita

A sus ocho años Pupilita bordaba un manto de imaginaciones inquietantes, exuberantes, desproporcionadas.

Su abuela, que había criado a sus nietos con la devota imagen de San  Rafael  arcángel  sobre sus camastros, les hacía beber un jugo amargo y viscoso. La abuela solía irrumpir en plena noche jurando que el demonio los acogería si no eran fieles y puros a la palabra del señor.

 Pupilita sospechaba que su abuela hablaba con diminutos hombrecillos ocultos. Estos pequeños hombres, se desplazaban cómo minúsculas partículas de polvo entre los tejidos deshilachados de un viejo sofá recubierto por una manta de piel de tejón.

-       - ¡Bebe niña!- la ordenaba al llegar a los pies de su cama.

Pupilita obedecía sin rechistar mientras ella la observaba asegurándose de que no lo escupía y encorvada añadía.

-         -Tus fachosas y esqueléticas piernecitas lo agradecerán.

Pupilita sabía de la existencia de los hombrecillos mucho antes de que su hermano encontrara un calcetín del tamaño de una miga de pan.

Lo supo la noche en la que sigilosa decidió seguirla. La abuela sacó de la despensa una enorme sandía que colocó cerca del sofá. Enseguida cientos de hombrecillos diminutos saltaron del sofá hacía la sandía. La devoraron en segundos.

-        -¿Díganme… qué más puedo hacer yo por ustedes?- Preguntó preocupada.
-        -Siga alimentándonos y nosotros la garantizamos que el demonio jamás llegará a esta casa.- respondió el cabecilla con una voz agudísima.
-        -  Son ustedes muy amables.
-       -  Cumpla y será recompensada.- agregó soltando una carcajada.

Los hombrecillos  desaparecieron entre la manta de tejón.

Pupilita seguía el ritual de su abuela cada noche.
Una mañana esperó escondida a que ella llegará con tres enormes sandias . Pupilita aguardó el momento oportuno para cazar las tres sandías, hacerlas rodar hasta el jardín y enterrarlas sin que ella se diera cuenta.

La última noche de agosto  la abuela irrumpió en el cuarto de los niños , como todas las noches, con el horrible jugo.

-      -  ¡Bebé niña!- la ordenó al llegar a los pies de su cama.

En ese momento Pupilita se levantó de un salto y gritó.

-        -¡No lo beberemos!.

Sus hermanos la miraban con admiración.

-      -  ¡Bebé mocosa insolente!- La agarró de uno de sus delgados brazos.

-       - ¡Tengo las sandias!.- Sonrió perspicaz.

La abuela quedó estupefacta.

-        -Quiero hablar con los hombrecillos.- dictaminó.

-        -¡No sabes dónde te metes niña, no sabes …!- la zarandeó del brazo.

-       - ¡Suéltala abuela!- gritó Samuel que mantenía un enorme cuenco de agua caliente encima de su cabeza.

-        -¡No te muevas abuela!- expresó el mayor de los hermanos mientras ataba sus muñecas.

-       - Está bien, está bien… vosotros ganáis.- refunfuñó la abuela.

La abuela bajó primera por las escaleras, detrás de ella Samuel seguía sosteniendo el caldero hasta que llegaron a la salita de estar.

-        -Hombrecillos, hombrecillos del sofá, aparecer ante mis ojos, pues os traigo rica sandía.- expresó la abuela mirando de reojo a su nieta.

Los diminutos hombres saltaron del interior. Sus cuerpos tenían forma de granitos de arroz.

-        -¿Quiénes son?.- la interrogó el diminuto capitán rascándose  la barbilla.

-       - Son mis insolentes nietos señor.- respondió mirándoles alterada.

-      -  ¿Y la sandía?.- preguntó extrañado.

-        -Disculpe pero creo que no nos han presentado como se merece- expresó Pupilita educadamente agachándose frente a ellos- me llamó Pupilita y estos son mis hermanos Daniel, Samuel y Matías.
-       
-        -Yo me llamo Garry y estos son mis leales camaradas.- expresó mirándola con curiosidad.

-     -   Mire señor Garry, le entregaré ahora mismo la sandía… pero antes necesitaría que usted y sus hombres me ayudaran a resolver un pequeño problema.

-        -Está bien, ¿qué la sucede?.

La abuela miró a la nieta con desprecio, pero Pupilita la sonrió esplendorosa.

-       - Samuel, podrías llevar a nuestra abuela al comedor por favor.- le sugirió.

-        -¡Claro!.

Pupilita observó detenidamente a la abuela blasfemar mientras era llevada al comedor, a continuación se aproximó aún más a los hombrecillos.

La abuela contemplaba a su nieta arrodillada, cuchicheando.

-       - ¡Trato hecho!- gritó bien fuerte asegurándose de que su abuela la escuchaba, después la mandó pasar de nuevo al salón.

-       - Ellos quieren la sandía y resulta que la enterré en el jardín.-  sonriente la entregó una pala.

La abuela agarró la pala de mala gana.

-        -¡Me las pagarás mocosa!- vociferaba mientras desenterraba la sandía.

-        Tienes una horrible cara abuelita-  pellizcó sus mejillas.- Bebe, te vendrá bien…- expresó irónica al tiempo que la aproximaba el jugo.

La abuela abrió la boca y lo escupió sobre su cara.

-        -No te haré sufrir más… los hombrecillos nos esperan.

Pupilita dispuso a todos en círculo haciendo situar a la abuela en medio con la sandía bajo sus pies.

Los hombrecillos brincaron hacia la sandía devorándola en segundos.


-       - Te has portado muy mal con tus nietos.- afirmó el pequeño capitán moviendo su dedo índice.

-       - ¡Eso es mentira! yo les he cuidado desde que su padre murió.

-       - A penas les dabas de comer, sólo les hacías beber un potingue asqueroso.

-       - ¡Era por su bien!.- Aseveró rotundamente.

-        -¿Desde cuándo los restos de la basura son nutritivos?.- expresó Daniel irritado.

-       - ¡No les hagan caso son unos mentirosos, desate mis manos y tendrá todas las sandías que quiera, además usted me prometió que me libraría del demonio y ellos son niños de satán!.

-      -  Es cierto, nosotros siempre cumplimos lo que prometemos.

-      -  Sabía que lo entendería señor.- miró nuevamente a la nieta con despreció.


En ese momento, unas ondas salieron de una diminuta pistola que Garry sacó de su bolsillo haciendo desintegrar a la abuela completamente.


domingo, 10 de agosto de 2014

La caja de herramientas

Adrian y Aitor limpiaban algunas piezas de la carrocería de un BMW –M6  Cabrio.

 Como casi siempre quedaban temprano antes de ir a las clases  y mano a mano intentaban hacer lo imposible para mantener su futuro coche listo para el verano de 2007.

-       - Bueno parece que tan sólo nos falta un año para que sea  nuestro.-sugirió Aitor.
-       - Un año y tres meses , yo soy mas pequeño que tú .
-       - Si pero para entonces habré cumplido los dieciocho- - vaciló Aitor agregando- iré a recogerte si quieres.
-       - ¡ Eh no te pases! sabes que hasta el 5 de junio no podrás conducirlo.
-       - Pero …
-        -Un trato es un trato , este coche no saldrá de aquí hasta ese día .
-        -Vale  - Con una voz afeminada se dirigió hacia Adrian .- princesa …

Mientras guardaban algunas piezas en los estantes, Aitor notó algo distinto en los ojos de su amigo que ojeaba con frecuencia la vieja caja de herramientas. Sobre la madera de la caja habían tallado un nombre. Aitor lo miró impactante como si en ese segundo hubiese recibido dos o tres puñaladas en su estomago.

-       - Adrian …
-      -  Dime .
-        -¿ No crees que vas muy rápido?
-      -  No se de que me hablas .
-     -   Quiero decir que poner el nombre de una chica en tu caja de herramientas es...  algo extraño en ti .
-      -  Simplemente me aburría , me acorde de ella y lo puse .

-        -Ya…

Aitor no dejaba de examinar esos ojos deslumbrantes  , era como si de repente comprendiese que había algo mucho mas fuerte que el hecho de que te guste  alguien: una sacudida al corazón que le hacía latir más rápido , un vendaval dentro de su estomago. La garganta se le secó , casi sin poder pronunciar palabra intentó tragar saliva poco a poco , una inquietud recorrió todo su cuerpo: se había enamorado de Adrian.








sábado, 2 de agosto de 2014

Después de todo

Había llegado el momento de decirse "adios". Una simple o prolongada caricia sobre su lomo y se esfumaría entre un millón de recuerdos.

Las despedidas pueden durar horas, segundos, minutos o eternidades, pero ésta en concreto no quería hallarse entre los que recurren a las lágrimas, o al tan verbalizado: "volveré", sin olvidar la incoherente evitación: "será mejor no decir "adios", porque puede ser que no sea este el momento y tú no te mueras".

El conductor del auto detenido hablaba entrecortado, nervioso mientras los curiosos transeúntes hacían círculo alrededor.

Admiró los cansados ojos de Russ, seguidamente se tumbó en el frió asfalto con su boca frente a su hocico. Le arrulló con esa canción rozando su corto, radiante y duro pelaje.

Abrazado a Russ comprendió que después de todo nunca caminarían solos.









sábado, 26 de julio de 2014

"Cuenta conmigo".



 Lo primero que podía ver era su inconfundible sonrisa , le hallaba en  momentos de silencio, contemplando  la felicidad que él desprendía por cada paso que daba.

Tal vez sean muchos los días en los que sentía añoranza por volver a los instantes de entonces, pero también existían otros tantos en los que una fuerza fraternal invadía cada una de sus oquedades, mostrándo la esencia pura de su vida: un enorme exprimidor capaz de sacar todo su jugo.






domingo, 20 de julio de 2014

Thabo

Siara envolvía a Thabo con sus brazos.

En la calle aún se escuchaban gritos de horror y guerra.

Siara levantó la mirada observando desde una pequeña abertura en la pared  a una mujer mutilada, sin piernas, arrastrándose calle abajo clamando misericordia.

Uno de los integrantes de los rebeldes del FRU se acercó hacia ella, la sonrió y mostrando un gesto aparentemente humano extendió su mano, esperanzadora le devolvió la sonrisa, pero él  comenzó a golpear su cara hasta que sus botas embarradas se tiñeron de sangre y muerte.

Siara cerró sus ojos abrazando a Thabo con una mayor entereza.

Thabo no debía percibir su miedo, ni siquiera podía mirar lo que acontecía en Freetown, ya que si lo hacía jamás podría liberarse de las sombras de los hombres, pues acabaría muriendo, o en el peor de los casos conviviendo con ellas.

Las pisadas de los rebeldes se escuchaban muy cercanas. Siara a besó Thabo en la mejilla mientras le ceñía con más fuerza.

Cinco integrantes del FRU les descubrieron en el último piso.

Uno de los hombres comenzó a reír frente a ellos, seguidamente dio la orden de aniquilarlos.

Un joven recientemente secuestrado en Fourah Bay y obligado a pertenecer a la guerrilla armada efectuó dos disparos precisos.

Los rebeldes se aproximaron a los cuerpos para comprobar que yacían sin vida.

El cuerpo de Siara aún seguía abrazando Thabo cuando el joven verdugo les separó.

El niño podía mover su mano, no había sido herido. El cabecilla sacudió su cuerpo quitándole el tul que cubría sus ojos, seguidamente le entrego un arma..

El joven le sostuvo derramando sobre su cara el agua de una de las vasijas de la casa.

Los demás integrantes habían bajado a la calle alarmados por el ruido de unos disparos.

Thabo le miró atemorizado .

El guerrillero apartó el arma de las manos del niño y volvió a cubrir sus ojos.




“En 1991 el Frente Revolucionario de Foday Sankoh (FRU) – financiado por Charles Taylor - sumió al país en un terror extremo.
Taylor apoyó  la creación del FRU en la zona fronteriza ente Liberia y Sierra Leona desde donde podía controlar la extracción de diamantes  para financiar sus propias operaciones
El FRU usualmente reclutaba niños de los poblados que atacaba pero no eran los únicos en utilizarlos, durante el conflicto de Sierra Leona los Kamajoh o milicias Mende al servicio gubernamental entrenaban a los niños que escapaban del FRU. Los Kamajoh de la etnia Mende iniciaban a las niños en la creencia de que iban a desarrollar poderes mágicos como el “juju”, una magia que les protegería de las balas de los enemigos. En el FRU manipulaban a las criaturas de forma similar además de drogarles. Para ambos la utilización de los jóvenes tenía sus ventajas: los niños acostumbrados a la violencia tenía menos miedo, comían menos, eran más fácilmente manipulables”.

(Extracto del artículo de Julio Martin Alarcón)



sábado, 12 de julio de 2014

"¡Señal Wow!"

Se habían citado frente a la entrada de un restaurante chino.

Rubén llegó quince minutos antes por lo que decidió candar su bicicleta cerca de la puerta trasera. 

  La esperaba ojeando las páginas del libro que había escogido para ella. Se evadió entre la lluvia amarilla de alguno de los párrafos que él había subrayado cuando un murmullo  en la oscuridad le sobresaltó.
 Inmediatamente abandonó la lectura atraído por un siseo constante. Sigiloso caminó hacia la puerta que se hallaba entornada. Una lamparilla de techo alumbró parcialmente su rostro proyectando enigmáticas siluetas.

Rubén permanecía apoyado sobre la fachada mientras intentaba descifrar la extraña conversación que alguien mantenía en el interior, pero los susurros se extinguieron tras el perturbador sonido de una señal de radio que se alargó durante más de setenta y dos segundos.

Un ruido ensordecedor fundió la tenue luz de la lamparilla sumiéndolo en una completa oscuridad. Paralizado escuchó de nuevo aquel siseo que se intensificaba por momentos. Rubén retrocedió unos pasos hasta esconderse detrás de unos contenedores.

El siseo inquietante se introducía en su mente con una frase repetitiva, sibilina y espeluznante. Enajenado admiró la fachada curvarse. Un ente lumínico traspaso la pared. El insólito ser sostenía envuelto en sus prolongaciones a un hombre de rasgos asiáticos.

Un temblor se apoderó del cuerpo de Rubén haciendo caer el libro que había guardado en el reverso de la cazadora. El libro cayó sobre la tapa metalizada de una vieja tartera, produciendo un sonido por impacto lo suficientemente fuerte para que aquella entidad descubriera al joven.

Su fosforescencia apenas le dejaba apreciar su fisonomía, sin embargo, sintió un frío helador cuando el ser se encontraba a un palmo de sus pies. El siseo se volvió insoportable, la cabeza le iba a reventar… “ Se abre el telón y aparece…” balbuceaba una y otra vez, “no puedo creerlo, ahora me viene a la cabeza ese puñetero chiste” se decía temblando ante la idea de no vivir para contarlo.

El frío y aquel siseo eran ya insoportables cuando de pronto el enigmático ente extendió su larga prolongación posicionándose a un milímetro de su cara: “no me mates por favor” le suplicó. En ese minuto sucedió algo aún más sorprendente…: su delgada prolongación agarró el libro colocándolo encima del hombre inconsciente, para posteriormente elevarse a gran velocidad volatizándose en las estrellas.





Se abre el telón…

Aparece un tigre en un barco, cuando de repente salta al agua y el capitán desesperado pega un tiro al aire y el tigre vuelve al barco…

Se cierra el telón…

¿Cómo se llama la película?

Mar Felino, PAM! y vino.

(Marcelino pan y vino)


domingo, 6 de julio de 2014

Fragmento de Candela.


Podía ver a través de los ojos de su mejor amiga sus más íntimos pensamientos . Deslizaba el vestido de fina seda que se ceñía a sus caderas ,  resbalando sobre las delicadas piernas de Candela mientras la  observaba desde su imaginación exuberante ,  deseando que por un solo instante volviese a mirarle de aquella manera  que desbordaba de sentimiento a cualquier hombre.  No era precisamente el viento  , ni la anticipada llegada del invierno que arremetía sin la mas mínima compasión el tormento de su místico silencio ,  ya que tampoco sus frías manos lograron proyectar el recuerdo dotado de vida , éxtasis , admiración , inquietud …

En la penumbra se hallaba un hombre frente a un cuadro inacabado, aun eran visibles sus ásperas manos  incapaces de sostener a el único aliado de su tiempo ; el pincel. Un lienzo con gruesos trazos a carboncillo   persiguiendo plasmar un boceto era lo único que observaba durante meses  , tan solo en sueños alcanzaban sus ojos a contemplarla con la misma viveza de los años que parecían eternos cuando se besaban .

Cada día se refugiaba sentado frente al primitivo caballete , bebía a pequeños sorbos el café , seguidamente abría de nuevo la caja de madera rebuscando el pincel adecuado , lo mojaba en el agua para humedecerlo , sin embargo  , se detenía cuando su mirada se tornaba melancólica , abatida , pesada ante los rasgos que difuminaron aquel día los labios de Candela , entonces ,volvía a recordarla …

"Manos" Edvard Munch