viernes, 13 de junio de 2014

El tesoro

Cuentan que hace muchos años habitaba en un lejano país del sur un intrépido y valiente pirata  llamado Media Luna.

Media Luna viajaba por todo el mundo, navegaba por los siete mares en busca de galeones perdidos, tierras e islas que conquistar. En una importante batalla en altamar perdió uno de sus ojos quedándole una cicatriz en forma de media luna, desde ese momento fue reconocido y admirado por su bravura y temeridad.

Las conocidas hazañas de Media Luna llegaron a las tierras del norte en donde el Capitán Ojos de Serpiente lideraba uno de los navíos más grandes e importantes del mar adriático. Corroído por la envidia quiso retar a Media Luna a encontrar un antiguo tesoro enterrado en Isla Tortuga, e hizo mandar un bucanero a proponerle tan suculento reto.

Media Luna aceptó y reunió a una partida de más de doscientos piratas sureños.

Rumbo a Isla Tortuga los dos capitanes soñaban con un tesoro de valor incalculable.

Transcurrieron más de dos meses con sus noches y días  interminables, con sus tormentas y tempestades, conviviendo con la locura, la ambición y la codicia hasta que se divisó tierra.

Media Luna y sus secuaces llegaron primero, ansiosos por desenterrar la fortuna tan soñada crearon grupos de partida por toda la isla, de tal forma que no quedara ningún rincón, guarida o cueva sin inspeccionar.

Ojos de Serpiente desembarcó a la segunda noche. Sigilosos los piratas del norte trazaron una emboscada.

Al alba comenzaron su ataque, millones de piedras llovían, piratas del norte y piratas del sur se enfrentaban en una larga lucha por el tesoro.

La batalla se prolongó  todo un día, con sus eternas horas. Al caer la noche solamente quedaban ochenta piratas en pie.

La desesperación y el cansancio se dibujaban en los semblantes de los hombres.

-       - ¡Capitán Ojos de Serpiente esta lucha es inútil, más de la mitad de nuestros hombres han caído!- Se aventuró a gritar Media Luna desde una de las trincheras.

-      -  ¿Y qué es lo que propones?- Preguntó Ojos de Serpiente.

-      -  ¡Abandonar esta batalla y unir a nuestros hombres para encontrar el tesoro, después lo dividiremos en partes iguales!.

Ojos de Serpiente refunfuñó y tras un largo silenció accedió.

Los ochenta piratas se reunieron creando nuevas rondas y partidas de búsqueda.
A la séptima luna uno de los bucaneros gritó:

-       - ¡Lo encontré, lo encontré!.

Los dos capitanes se aproximaron aún desafiantes, querían ser los primeros en abrir el cofre.

-       - ¡Ábralo, Ábralo!-  Vociferó Ojos de Serpiente a Media Luna.

Media Luna se dispuso a abrirlo cuando de repente Ojos de Serpiente le rodeo el cuello con su sable.

-       - ¡El tesoro me pertenece!.

Media  Luna estaba atrapado, había sido engañado.

Cegado por la envidia Ojos de Serpiente ordenó a uno de sus piratas abrir el cofre ante ellos.

-       - ¡Ahora admirarás lo que nunca será tuyo!- Exclamó riendo.

El cofre fue abierto…

Los dos piratas se asombraron al contemplar lo que anidaba en su interior.

El cofre contenía única  y exclusivamente un espejo en el que se podía leer:

“Tu autem thesaurum”. ( “Tú eres el tesoro”).




miércoles, 4 de junio de 2014

Un hombre cautivador


Cierto día se dio cuenta de que su vida era predecible, abusada por la estabilidad, una palabra que había escuchado tantas veces que le repudiaba. Él no quería convertirse en un hombre monótono, autómata, controlado por una inapelable rutina que le convirtiera en artilugio de segunda mano, en baratija de puesto de turistas de algún barrio perdido entre ungüentos de engaños, timas y algún charlatán hipócrita.

Se había convertido en añoranza lo que un día tuvo sin valorarlo, sin apreciarlo desde todos sus ángulos, sin saber detallar si quiera su cualidad más preciada.  Acababa de sufrir un desengaño , aún la amaba, quería cerrar el vínculo que le unía a aquel recuerdo.

Le costó decidir si alejarse era lo correcto pero lo hizo.

Viajó por lugares exóticos, cual peregrino acumulaba experiencias, su curiosidad insaciable le habían bautizado como el “ hombre cautivador”.  Sus hazañas y peripecias hipnotizaban a las mujeres que caían en las redes de la  carismática presencia de un cuerpo joven, curtido  en batallas salvajes, en las que la muerte , siempre plausible en sus historias las hacía enmudecer, despertando en ellas alguna clase de hechizo sexual,  una poderosa fuerza extrasensorial que ardía entre jadeantes gemidos de liberación.

Reverenciaban los pasos de un hombre solitario, una efigie que se desplazaba por la mente de las mujeres , por el dictamen de sus peticiones.



lunes, 26 de mayo de 2014

Para la LIBERTAD



Los bellos colores de Akira se proyectaban en el acuario.

Dylan estaba preparado para iniciar el espectáculo, tan sólo tenía que esperar a que su aleta dorsal reapareciera nuevamente en la superficie, sin embargo un manto de sangre entintó el agua oscureciendola por completo.

El público contuvo la respiración, una de las entrenadoras que aún permanecía en el agua comenzó a mover agitada los brazos . Dylan se zambulló intentando socorrer a su compañera, pronto percibió una corriente rápida que le succionó haciéndole girar hasta llegar al fondo.

Dylan  sabía que había quedado atrapado en el movimiento que Akira había trazado, por lo que supuso que probablemente moriría por agotamiento inminente debido a la falta de aire en sus pulmones. El agua parecía aclararse, el rojo manto se disipaba haciendo que Dylan contemplara estupefacto como Akira avanzaba hacía él.


La descomunal belleza de aquella criatura le sobrecogió, sus ojos le miraban reflectando en los suyos un sentimiento de honda tristeza al que nunca antes presto atención, pero que siempre había acompañado a esa orca a la que  privaron de libertad. Entendió entonces que si tenía o no que morir en ese momento, la debía tanto amor, comprensión y admiración que lucharía mil vidas porque aquella historia no se repitiera.





sábado, 10 de mayo de 2014

Sorpresa Nocturna


La mujer que iba en el coche a mi lado vestía un precioso conjunto de lencería blanca que hacía resaltar su tez morena.

Nuestros cuerpos se retozaban cuando una luz se proyectó en la ventanilla delantera.

-       - ¡Abran el coche por favor!- exigió una voz desgarrada.

-       - Debe de ser un loco… no abras  … no abras … -  me repetía nerviosa entre susurros.

La acaricié e inmediatamente bajé la ventanilla.
Respiré aliviado cuando reconocí el rostro del joven policía  que sostenía la linterna.

-       - ¡Es Marcos mi viejo amigo de la facultad!.- La informé entusiasmado.
      
      Ella me miró desencajada  pronunciando aquella temida frase.

-       
      -Es mi marido.




sábado, 26 de abril de 2014

Los hombres también lloran


La esperaba sentado con la mirada perdida sin saber si la esperanza acumulada le serviría de mucho, las suposiciones le habían llevado al mismo punto donde ahora le nacía un dolor desconocido pero voraz.

Cuando al fin vislumbró su inconfundible silueta entre la multitud volvió a encontrarse suspendido, sin red, con aquella atípica manera en la que un día la miró. Sus ojos centelleaban al verla, era instintivo, algo que apostaba ser fuerte e imperecedero como todas aquellas cosas que en la vida ocurren guiadas por una extraña energía.

Ella lamentaba aquel resplandor en sus ojos, no quería ser motivo de penas ni pesares, había descubierto otras puertas, realidades alejadas de aquel muchacho que aún la amaba.

Los jóvenes hablaron largo tiempo ... el cielo se oscureció como su brillo, la conversación se apago como el sol aquella tarde y en sus ojos vidriosos dos lágrimas resbalaron cuando ella susurró "adiós".



sábado, 12 de abril de 2014

La boya

Eran las siete de la tarde de un domingo soleado en la Isla. En la inmensidad del océano flotaba una boya azul, solitaria como él se sentía. Un alma libre a la deriva, quizás no tan desamparado como creía, ya que se daba a las mareas que le marcaban nuevos rumbos, nuevas experiencias, nuevas boyas en las que fijar su mirada inspirando al atardecer.



sábado, 5 de abril de 2014

Sueños son


 Distaba a escasos metros de él, sin embargo, permaneció anclada en la arena, mirando hacia el cielo escuchó el íntimo dialogo de dos gaviotas, en ese instante, ambiciono ser su lenguaje para entender el misterio que rodeaba a aquel hombre.

Era encantador  y poseía una esencia que la hacía ir más allá de su miedo, apaciguaba la marea de su vida elevándola sin precisar alas, ni hélices, ni escobas o lámparas mágicas como en los cuentos.

Puede que solamente estuviera soñando, porque la vida dicen que es sueño y los sueños, sueños son.