lunes, 3 de febrero de 2014

Calendario

                                                                   
En las noches frías de diciembre Carla miraba el calendario con ojos de deseo, rodeaba los números con rotuladores fluorescentes, dependiendo del día cambiaba la tonalidad del rosa al azul, del azul al naranja , del naranja al verde … pero su color por excelencia era el amarillo.

Tiempo atrás había leído que los colores tenían una fuerza energética, podían alterar los estados anímicos. Le pareció curiosa la noticia y desde entonces no dejaba de utilizar el rosa, el azul, el amarillo, el naranja, el verde, el rojo … no obstante sus días amarillos resultaban ser los mejores, tenían chispa, brillo, alegría y pasaban fugaces. Los rosas tenían tiernos momentos que la hacían sentirse delicada, zalamera, sensible.

 Los azules eran tranquilos, un pacto entre la calma y el silencio  transformándose ligeramente a verdes que ungían de sueños y esperanzas los días venideros.

Los naranjas estaban llenos de creatividad, apertura de la conciencia hacia otros puntos de vista, interesantes diálogos filosóficos , arte y creación.

En los rojos la intranquilidad por abordar sus pasiones  hacían que los latidos del corazón se aceleraran , daba patadas por encontrar su lugar en aquel pequeño universo.

Finalmente el calendario se distorsionó con un color extraño, le sentía vacío , incompleto …
 “misteriosos los días de blanco” pensó.

 Aquel nuevo color le dio la bienvenida a un nuevo mundo. Carla había nacido.


sábado, 25 de enero de 2014

Los cálidos recuerdos de Sara

 Aquella tarde los latidos de Sara se silenciaron en un sueño mucho más profundo.

Todos sus nuevos y viejos amigos se reunieron para velar su cuerpo. Jaime se acercó a la caja de madera donde dormía, suavemente besó su rostro, ella seguía siendo tan dulce y bella como Gene Tierney a quien idolatraba desde su juventud. 

La mirada de Jaime se asemejaba a los ojos de su perro Pipper cada vez que aullaba para que le dejaran entrar en la casa, arañando una y otra vez la puerta del patio, sin rendírse, con esos ojos compasivos que te hablan: “apiádate de mi, aquí hace frío y empieza a llover”, al final entraba lleno de barro meneando la cola de un lado a otro.

Jaime aún la amaba , le ardía la garganta tratando de contener la ansiedad, todas aquellas caricias que trataban de ocultar, en ese momento Carlos posó su mano sobre el hombro de Jaime.

Los dos hombres de su vida se abrazaron, permaneciendo varios minutos inmóviles mirándola, canalizando sus energías en los cálidos recuerdos de Sara.


Para Silvio ... Atardecer en La Tejita, Isla de Tenerife.



domingo, 19 de enero de 2014

A Juan Gelman y la eterna poesía


Si tiene que latir un corazón eternamente que lo haga en la poesía,
en la siempre esperanza del poeta hacia la vida.





El juego en que andamos.

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.


Juan Gelman.

Saber.

El poema nada en un viento y brilla.
No sabe quien es hasta
que lo arrastran aquí, donde
seguramente morirá
a la intemperie de las bestias.
Me gustaría entender a las bestias
para entender mi bestia. La
 realidad hace gemir con jadeos de animal.
¿Qué gracia fue ganada en su respiración?
Ninguna que no fuera perdida.
Abajo de lo suave crepita la sospecha.
En estas manos.


Juan Gelman.

La secreta dulzura del dolor...

la secreta dulzura del dolor
es transparencia

sale de la furiosa resignación del sueño
suena en la boca del perdido

en su origen

en su  rumor de existencia que
le clava la cabeza al gran espanto
al doble andar,al doble hilo, 

a la no verdad del estar como no estar
el vuelo torpe que los cría
lo que rompe la luz, memoria.

confusa por sus números,
pecho que dura como huella,
la nada que te ama.


Juan Gelman.


lunes, 13 de enero de 2014

La piscina




El rizado pelo de Sonia al salir de la piscina del instituto era toda una atracción para los quinceañeros que iniciaban sus andanzas en la sexualidad.

Sonia se sonrojaba al salir del agua al ser consciente de la expectación que causaba en la chiquillería que la examinaban de pies a cabeza, por esta razón solía permanecer una hora más explorando los fondos de la piscina, buceando con sus gafas esperando que se fueran las miradas intimidatorias.

La timidez de Sonia la hacía parecer más atrayente e interesante, sin embargo, ella repudiaba su falta de confianza y determinación mientras caminaba escuchando los chismorreos de varias de las chicas de quinto curso.


Al terminar una de  las clases de natación, Henar, Raquel y Daniela siguieron a Sonia hacia el vestuario. Esperaron a que se metiera en la ducha mientras Daniela vigilaba el pasillo. Raquel y Henar prendieron fuego a la ropa de Sonia, asegurándose de que no quedara ninguna toalla a su alcance. 

Sonia se sobresaltó, salió corriendo, pero no encontró nada para cubrirse.

Desde aquel momento, Sonia dejó los entrenamientos.

Al llegar el verano, la joven volvió a reunirse con su prima Claudia, que se había convertido en una experta instructora de vuelos sin retornos, todo un icono embellecido por su capacidad de liderazgo.

Una de las noches calurosas de aquel verano, se decidió abrir la piscina comunitaria un par de horas. Claudia y Sonia corrieron hacia el baño. En sus manos esparcieron un par de pastillas que compraron a uno de los chicos mayores del pueblo.

-     ¿Estas segura de que no pasara nada?.
-     ¡Segurísima Sonia!.

Sonia seguía indecisa hasta que Claudia se tragó una de las pastillas alentándola : “Confía en mi , esto nos hará disfrutar”.

Claudia la abrazó fuertemente , las dos se sonrieron.

-           Te quiero prima.

Al cabo de una hora, Sonia se movía eufórica al ritmo de la música que sonaba, varios chicos hicieron un corro arrimando sus cuerpos al de ésta. De repente se escuchó un grito desde la piscina.

-   ¡Ayuda, necesito ayuda!- gritaba una voz.
-    ¡Se va a morir!- gritaba otra.

Sonia apartó confusa a varios de los chicos que miraban la escena estupefactos.

Allí en medio de la piscina flotaba inconsciente el cuerpo de Claudia.

La ambulancia no tardó en llegar, sin embargo, Claudia ya se había ido. La policía acordonó el área mientras cubrían el cuerpo de la joven.


TRES AÑOS DESPUÉS.

La competición comenzaría en pocos minutos. Las chicas fueron posicionándose en los trampolines.

Sonia continuaba sentada en uno de los bordes de la piscina. Observaba fijamente los azulejos del fondo que parecían moverse, en ese instante pudo ver la última sonrisa que Claudia la regaló, una lagrima cayó en el agua , era la hora de ponerse en pie.



sábado, 4 de enero de 2014

"Hacia la estrella marinera"

Sebastián corría por el malecón de Puerto Vallarta. Descansó al llegar al Caballito de mar, una escultura de bronce cabalgada por un niño desnudo.

Se sentó en uno de los escalones de la base de la figura. Fatigoso observó la infinidad de jóvenes que se reunían en la playa. El ambiente festivo de la primera noche de año no logró cautivar su cuerpo con esa felicidad fugitiva de tiempo atrás.

Un niño se acercó entonando una conocida canción cardenche:
 “Yo ya me voy a morir a los desiertos, me voy dirigido a esa Estrella Marinera …”.

 Los ojos de Sebastián brillaban como las estrellas del cielo Vallartense.

El canto sereno del pequeño se instaló en los recuerdos del chico, una sensación de divinidad transitó en su corazón.

El niño tomó asiento junto al joven, permaneciendo en silencio durante unos minutos trató de indicarle que debía mirar los fuegos que descendían del cielo.

Por un momento se sentía alejado del bullicio, de la tierra. Aquella canción volvía a ser entonada  “Sólo de pensar que dejé un amor pendiente, nomás que me acuerdo me dan ganas de llorar…” .

Suspiró en lágrimas mirando hacia el niño, pero este continuaba cantando al mundo.

 Al finalizar el canto comenzó a perder tono en la piel hasta que ésta se tornó transparente y desapareció.

Sebastián no podía creer que su hijo hubiera estado con él cuando hacia menos de dos horas que había fallecido. En ese momento comprendió que no debía seguir corriendo, que no debía despedirse porque él siempre permanecería a su lado.







sábado, 28 de diciembre de 2013

Adrian, Clara y su mágico primer amor

Permanecieron sentados en una de las rocas , ella reposaba junto a su hombro ,él la rodeaba fuertemente con sus brazos . 

- Hace tiempo descubrí este lugar por casualidad , recuerdo que acababa de aprobar el examen para poder conducir la Variant .Lo primero que hice fue sentarme en una de las rocas ,cerca del borde del acantilado . Luego intenté imaginarme que era una de las gaviotas blancas , entonces pude alejarme de todo lo que odiaba , desde aquel momento no hay ni un solo día que no venga a este lugar.

Clara volvió a besarle,  mas atrevida le acaricio el pelo , se sentó encima de sus piernas , y de nuevo entrelazados , se abrazaron con fuerza.

 - Creo que deberíamos volver con los demás – le susurró suavemente en su oído
 - No hay nada de malo por perderse un rato , ¿no crees?- la agarró aún con más fuerza tratando de llevar su cuerpo mucho más cerca de él .- ¿ No te gusta estar así?.

Clara se apartó bruscamente intentando alejar su deseo , miles de pensamientos recorrían  su cabeza, no estaba preparada . 

 - Yo … no quería asustarte , lo siento.
- Tranquilo no me has asustado... le miró enternecida.

  Adrian  debía esperar.




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domingo, 22 de diciembre de 2013

La visión


Se durmió soñando que él también podía volar desplegando sus alas al amanecer.

El enérgico graznido de las gaviotas que planeaban los cielos alejándose de la costa, le despertó de su quimérica visión en la que estaba sumido profundamente. Gabriel  entreabrió sus ojos a la claridad del día, aún creía ser un ave cuando su madre le gritó enloquecidamente que trepase a lo alto de una de las palmeras.

Gabriel, acostumbrado a ascender cocoteros,  lo escaló ágilmente. Al llegar a la copa vislumbró lo que los pájaros le advirtieron en sueños. Una enorme masa de agua se aproximaba hacia él.
                      





El 26 de diciembre de 2004 un terremoto submarino con epicentro en la costa oeste de Sumatra origino una seria de tsunamis que devastaron e inundaron las comunidades costeras del sur y sureste asiático, afectando a gran parte de Indonesia, Malasia, Sri Lanka, India y Tailandia.


El número de víctimas estimadas por las Naciones Unidas asciende a 229.866 , incluyendo 186.983 muertos y 42.883 personas desaparecidas.